sábado, 10 de enero de 2015

Dicha

 

Tras la nieve que cubre mis días,

sigo aletargada encadenada a mi dicha.

El sol se aferra a mi cuerpo derrochando

Alondras que en raudo vuelo,

entonando notas suaves  convertidas en féculas

de armonía.

 
                                                    Entonces convertida en voz del viento


lleno de calma, el círculo azul,

que flotando solitario

en el oscuro con fin se aferra a mi

sediento de paz.



 
Secreteo a las ramas su verdor
robándole el perfume de flor,
palpitando canticos de amor.
 
Cabalgo en la dicha viajera,
y las nubes trazan rutas blancas
brindando al tiempo la armonía hecha vino,
y me baño en sus cálidas formas
hasta convertir en plenilunio
la esencia misma de mí alma.
 
 



 

 

 


Espiral



Huidizo circulo eterno

que sumerge el existir tembloroso e incierto,

en mis paginas blancas.

 

Sumergiéndose en mis

pensamientos

como hojas secas,

revoloteando en mi etteria verdad,

convertida en ventisca voraz

que brinda piel y agua.

Colmándose de tiempo

del verde suspiro,

más la ventisca de la incertidumbre,

corre en mis venas.

 

Me toca, cantando al cielo,

desgarrando efímeros universos de esta

humilde sirvienta terrenal.

 

Enmudezco ante mi destino

queriendo estallar,

emergiendo en multicolores emociones.

 

Como manantial de dicha

que refresca el sendero que piso,

mientras atónitas las aves musitan

truenos en el aire que respiran.

Y pienso en rosas convertidas

en claveles, que acaricien mi alma,

adormilada en una hamaca de sol

con cada atardecer sublime

gritando a viva voz.

 

Sed


Oro que emanas del manantial profundo de mi alma,

fluye eternamente señalándome el camino dorado,

del suave sentir matizado de segundos.

 

Renace el cuerpo lleno de experiencia en cuerpo,

altivo susurrándome universos infinitos de vida.

Deja tu polen sacudirse en mí,

germinando  alegrías ocultas.

 

Cual remolino de dicha en mi horizonte marino

anido en los más altos de tu mirada,

ocultándome en tu oscura sombra.

 

Enlazando  mis cabellos a tu cálida voz,

que fluye y se estremece con el latir,

inquieto de mi corazón.



 
Como enjambre que mueve la miel de tu lecho.
en un ardiente verano
sedienta de ilusión.
 
 



ALMA CALLADA



Cuantas veces te revolcaras

en el fango,

Susurrando  fantasmas que cabalgan

sin rostro hacia ti,

deja de torturar tu alma por una gota

de vida ,vuela libre sin ilusiones que aten,

sin imágenes que duelan.

Calma tu tempestad  bebiendo olvido

y sueña que eres piedra convertida

en polvo.

No malgastes tú a liento en dicha no vertida,

se huracán que gime en su espiral,

sin olvidar que eres sólo viento y agua

rasgando  mentiras.

¡ Clamando al sol  su eterna verdad!

 

CRUEL PLEGARIA



Suplico cual cruel plegaria…

¡ya no seas mármol frio que mata!

Si no gota de agua metamorfoseada

en herida sana,

y pregunto a tu alma…

¿Cuando levantaras tus ojos hacia mí?

 

Luz profana dilúyete en mí,

eternamente me arrastro ante tu

voz que emana silencio.

 

Tu esencia ya no forma la mía

y la tierra que pisas

ya no claman mis huellas heridas.



 
Soy el frio que dejas parada

en la orilla del polvo,

y duele la indiferencia que marchita

el deseo…¡Quiero ser lluvia de hoy!

 

Mi ayer se desvanece mientras el reloj,

seduce el pensar y la pregunta

resucita gimiendo…

¿Cuando levantaras tus ojos hacia mí?

Entre tus ramas aguardare

que tus pupilas se cobijen en mi latir

y silenciosa volveré a resurgir.

 

 

 

 


 

SÓLO…¡TALVEZ!



Me quiebro cual cristal

bañado en el soñar  cubierto de lamento.

La herida mordaz cala el alma roída

colgándose de la noche oscura.

Protegiendo a la pálida luna,

y el mar sordo une tu mirada a la mía,

la húmeda mañana besa la cálida tristeza,

de mi lento latir olvidado.

 

Mis raíces se vierten en tu memoria, pero

solo el viento equivocado responde

…¡que importa si eres feliz!

Si vieras mis entrañas escucharías

la verdad de mi alma y

sólo tal vez volverías a mí.

 

Cafe


CAFE

 

En un remolino de café se siembra mi vida

cada sorbo que bebo seduce a la desdicha.

Su color sombra se vuelve mi amigo,

emanando aire sin brisa.

 

Vierto sus granos a la luna sin  pena

y se refugia el aullido herido

de un alma acompasada.

Que rasgo vez en mi razón que se ahoga

en el silencio más efímero.



 
Amargo sabor que embriaga

mis sentidos, desbordando polvo de azúcar

en mi camino.


¡Dame tus labios esquivos!

Suavízalos tiñendo de rojo

el brillo oscuro de mi piel, para luego agitar el ramaje

incesante de este impío ser.